EL PERUANO JULIO ALGUIAR VUELTA AL RUEDO EN CASTELLON

Martes 26 de marzo de 2019. Plaza de toros de Castellón. Media entrada en tarde soleada y agradable. Erales de Aida Jovani, bien presentados y en general manejables. Sobresalieron por su juego tercero y cuarto. Miguel Polope ( blanco y oro), oreja. Kevin Alcolado (grosella y azabache), silencio. Marcos Andreu (verdemar y plata), dos orejas. Alejandro Peñaranda (marino y oro), oreja. Julio Alguiar (tabaco y oro), vuelta al ruedo. Antonio Villalta (grana y oro), dos orejas. Entre las cuadrillas lució Manuel Domínguez. Presidió Pablo Requena.

Con un excelente criterio, la empresa de la plaza de toros de Castellón decidió que no una, sino dos fueran las novilladas de promoción con participación de alumnos de las escuelas de tauromaquia que tengan lugar dentro de la feria.
A falta de una novillada con picadores, buenos son al menos dos festejos de promoción dentro de un serial tan importante. Y encima, con entrada gratuita para todos los aficionados que deseen presenciar las evoluciones de los jóvenes promesas del toreo. En esta feria, se van a poder ver las actuaciones de hasta nueve chavales, cinco de ellos de la escuela taurina local. Y encima, enfrentándole a encierros de garantía. Ayer el cartel tuvo mucho ambiente entre los aficionados, quienes llenaron más de la mitad del aforo del coso castellonense.
Lo cierto es que en estos días intermedios entre el comienzo y el fin de la feria, Castellón vive sus fiestas con gran ambiente, aunque con un tono algo más tranquilo. Aún así, las calles y plazas se ven repletas de gente con enormes deseos de pasarlo bien. Uno tuvo el placer de poder compartir mesa y mantel con un magnífico anfitrión como el aficionado Amadeo Pitarch, junto con Manolo Carrion y Emilio Miranda. Unos buenos aperitivos, una no menos extraordinaria paella y sobre todo, tertulia en la que hubo mucha amistad y mucho tema taurino.
Ayer, para medir las posibilidades del sexteto de aspirantes se eligió un hierro castellonense. Los erales de la ganadería de Aida Jovani estuvieron bien presentados y en general resultaron manejables para los toreros.
Lustro y cuajo suficiente tenía el primero, que embistió con son y nobleza por los dos pitones, humillando y siempre obediente. Le faltó un punto más de fuerza, pero dio un juego notable. El burraco segundo tenía una excelente lámina.Sin embargo, le costó embestir más de la cuenta y tendió a mansear más de lo deseable.
Noblón, obediente e incluso pacífico resultó el tercero, que tomó las telas pastueño aunque sin excesivo celo. Muy facilón, tendió a salirse desentendido de los embroques, pero resultó excelente para el torero. Fue ovacionado en el arrastre. El castaño cuarto tuvo las virtudes de la prontitud, la fijeza y la alegría al venirse hacia los engaños. Y luego metió la cara con clase y son. Otro sobresaliente ejemplar.
Más cuajo y lustre tenía el quinto, que se lesionó durante la lidia. Siempre quiso más que pudo. Y el colorado sexto se desplazó con buen aire con los dos pitones. Le faltó un tanto así de brío y pujanza, pero fue bueno para el torero.
Miguel Polope, de la escuela de Valencia, se sobrepuso a una voltereta que recibió saludando con el capote al que abrió plaza. Muleteó con impronta y expresión, con gusto, son, compás y verticalidad, en una faena de excelente firma. Mato de una estocada trasera. Y firmó un torerisimo quite al novillo que cerró plaza.
Kevin Alcolado, de la escuela de Alicante, quien lució un precioso terno bordado en azabache, apuntó detalles aunque tuvo pocas opciones ante las escasas condiciones de su oponente. Se le vio algo escaso de oficio.
Marcos Andreu, de la escuela de Castellón, plantó cara con voluntad y disposición al que le tocó en suerte. Sobresalió al torear con la mano izquierda con templanza, tratando de arrastrar las telas por el albero y siempre por la línea de la compostura. Y también se estiró con la mano derecha, para acabar con muletazos de rodillas en el platillo, incluido el adorno del teléfono. Mató de una estocada muy trasera y tendida.
Alejandro Peñaranda, de la escuela de Albacete, se mostró como un torero enterado y con oficio. Manejó las telas con soltura y templanza y sentido a la ligazón, aunque se le vió faltó de cierta expresión.
El peruano Julio Alguiar, de la escuela de Málaga, brindó la muerte de su oponente a Fernando Càmara, director de su escuela taurina. A pesar de que el novillo tuvo muy poca fuerza, manejó las telas con buen aire y soltura y presentando los engaños con compostura. Comunicativo y sandunguero, se justificó.
Cerró el sexteto Antonio Villalta, de la escuela de Castellón, Es una espigadidimo espada quien tuvo la virtud de muletear con templanza y cadencia a su antagonista. Intentó en todo momento torear despacio y con parsimonia, con tranquilidad y pausa. Mató de un metisaca de efectos fulminantes.

Por: Avance Taurino.