GRANDE ES EL REY CASTELLA

Se dio inicio a una de las temporadas más luchadas en la geografía taurina. A pesar de las dificultades que han puesto desde la Alcaldía Mayor de Bogotá, sonaron clarines y timbales, con un clima espectacular y casi tres cuartos de entrada.

Se lidiaron seis toros de la ganadería de Ernesto Gutiérrez, propiedad de Don Miguel Gutiérrez; de defectuosa presentación y juego muy desigual, con pocas opciones.

Morante de la Puebla, uno de los toreros más esperados en las temporadas taurinas del mundo. Nuevamente cómo es costumbre en muchas de sus presentaciones dejó mal sabor dentro de los aficionados, ya que en este su primer toro; sólo algo de su firma en el capote pero con la muleta un par de muletazos y listo, a matarlo. El toro no tenía fuerza y le faltaba transmisión, pero por lo menos él intento se lo merecía. Un fatal tercio de muerte, media espada e infinidad de intentos de descabello. Bronca tras dos avisos. Pitos al toro en el arrastre.

Nada que hacer con Morante en Colombia, es un torero que poco interés en el ruedo… es cierto que el toro era descastado y manso, pero no era un toro con malas ideas, se había podido intentar; pero es que ni el intento, y eso lo reclamaba la afición. Algunos morantistas lo apoyaron, pero en general hubo división de opiniones tras una estocada defectuosa. Pitos al toro en el arrastre.

Sebastián Castella, cambió el ánimo del público, inmediatamente tomó el capote, los tendidos se emocionaron ante sus ceñidas chicuelinas. La faena fue muy bien armada, se fue por tandas de derechazos en redondo… y qué decir de los cerca que se lo pasó al inicio con pases por la espalda. Manejó muy bien los tiempos para ahorrarle el motor medido del toro, que era encastado y ayudaba a la lidia, su cara siempre fue a media altura. Estocada completa y desprendida. Oreja.

Extraordinaria presentación de Sebastián Castella en su segundo toro, de rodillas lo saludó y con tandas de mucha continuidad embebió al toro y al público. El toro era noble y tuvo recorrido, algo de picante hubiese sido bueno. Los fotógrafos se degustaron tomando incontables fotos a un solo pase, porque toreó muy despacio y templado. El acero le arrebató las dos orejas pero no el cariño del público que lo hizo dar una vuelta al ruedo. Palmas al toro en el arrastre.

La faena de Luis Miguel Castrillon pintaba muy bien en su inicio, estaba siendo ligada y templada, la gente estaba con el paisa; pero el toro se malogró la mano izquierda y eso llevó en declive su actuación, se perdió la emoción en los tendidos y aunque Luis Miguel trataba de llevarlo suave de uno en uno, la afición pedía pasaportarlo. Un tercio complicado con la espada, varios intentos fallidos.

El sexto de la tarde tuvo poca transmisión y era desatento, y a pesar que Luis Miguel estuvo porfiando por los dos pitones; no se pudo entender en plenitud con su ejemplar. Algunas fallas de colocación desmejoraban las tandas y aunque muchas personas estaban a favor de lo que hacía el torero antioqueño, la mayoría se aburrieron durante la faena. Una estocada de excelente colocación. Palmas.