JUAN JOSE PADILLA Y ROCA REY SE LLEVAN UN PREMIO CADA UNO EN SEVILLA

Sevilla 29 de septiembre, feria de San Miguel,una concatenación de circunstancias convertían la cita en la plaza de la Maestranza en un acontecimiento: la despedida de Juan José Padilla de Sevilla, el regreso de Morante de la Puebla tras 513 días y el cierre de la temporada de Roca Rey. El cartel de “no hay billetes” colgaba desde hacía días en las taquillas. Un calor de pleno agostazo disparaba el mercurio y el termómetro de la pasión en el escenario de los sueños: la ovación al adiós del Pirata Padilla lo sacó a saludar hasta la misma boca de riego.

El ambientazo pronto lo vinieron a enfriar los toros de Matilla. Que lidiaba sus tres hierros. Los dos primeros marcados con el fuego de Olga Jiménez. Mínimos con todos sus atributos. Bien hechos, eso sí. Con su carita por delante, Sosito cantó pronto su mansa condición. No quería caballo. Ni nada. La lidia de Daniel Duarte fue preclara y exacta, magistral. Juan José Padilla delegó todo el peso en él. Qué privilegio ver algo así. Apretaba el torito hacia los adentros en banderillas y amagaba con rajarse ya. Padilla brindó al respetable y se clavó de rodillas en el tercio absurdamente: libró un par de acometidas tras insistir y en la tercera surgió el desarme apurado. Aun así perseveró. Recuperada la vertical, hubo poco que rascar del tardo y remiso animal. Tan quedo. En la segunda tanda derechazos, volvió a perder la muleta. Y decidió abreviar.

Un castaño tocado arriba de pitones como todo argumento de trapío abrió el turno de Morante. Y Morante desplegó su capote en verónicas de mano alta. Muy coreado el embroque. De expulsión el dibujo más que de acompañamiento. La media cobró tintes de superioridad sobre el conjunto. La cosa discurrió entre detalles. Aquella larga o este recorte para ponerlo en el caballo. Un puyazo muy trasero quebrantó mucho al toro. Que ya se dolía de su propio fondo desbravado. Loco por irse. Del quite por chicuelinas de Roca Rey salió rendido. El genio de La Puebla pintó una trinchera de cartel. Y otra genuflexo. Y con la izquierda esbozó algún apunte de lo que no podía ser. Mató al manso a paso de banderillas allá en su querencia, cerquita de la puerta de chiqueros.

Roca Rey inició por péndulos de rodillas su faena al tercero, que se lesionó tras la obertura

Allí mismo dobló el tercero, de Peña de Francia.Clandestino se llamaba el mulo. Como si hiciera honor al modo en que lo embarcaron. Porque un toro con esas hechuras tan bastas, o se embarca clandestinamente, o se tiene muy mal gusto y menos afición. Roca Rey no le metió ni las cuerdas en el caballo. Y cuando explosionaba la faena de hinojos por espeluznantes péndulos, el bruto se partió una mano. Afloró entonces toda la mansedumbre presentida en una huida dolorosa.

Padilla cortó una cariñosa oreja al burraco toro de Matilla con el que se despidió de Sevilla

Padilla se despidió de Sevilla con Veraneante, un burraco de aparente presencia. Que se vencía y se colaba en su capote en extraños mosqueantes. No cogió tampoco los palos. La banda de música arropó desde el inicio la faena del adiós. Como cariñoso gesto. El toro volvió a venirse por dentro en los doblones. Y luego el Pirata tapó mucho su ausencia de clase, su falta de humillación, su nulo ritmo, su vista desparramada. Su vaciedad, en definitiva. Hasta que se paró. Los registros de circulares invertidos causaron un raro asombro de silencio en la Maestranza. El espadazo y el cariño de la gente le entregaron una oreja.

Estrecho y largo como una tabla de planchar apareció el quinto. Muy abanto. Cuando se centró, Morante se estiró otra vez en verónicas con la mano exterior en el reloj de la plaza. Que por lo que se ve calan tanto como cuando toreaba como Dios manda. Una involución en su tauromaquia. El quite brotó por el mismo palo y el mismo desnivel. Con el despacioso temple por bandera. El manso también embestía así. Qué catálogo de podredumbre. Duró nada en su muleta antes de fugarse. Lo suficiente para que emanaran unos ayudados por alto de sabor. Y una ronda de derechazos en bella compaña. Después inició la persecución para darle muerte. Conseguido el propósito, todavía lo ovacionaron. Como si José Antonio Morante careciera de responsabilidad alguna en los dislates de su carrera. En no cuidar el campo. En no pagar veedores y entregarse en brazos de Matilla este 2018. Y ya veremos en 2019. Puede seguir con el cuento y la cantinela de los veterinarios, la televisión y los pisos de plaza. No engaña a nadie. Su compromiso es ninguno. Mientras se lo consientan, ancha es Castilla. Que decían los antiguos.

El petardo siguió con el impresentable último. Devuelto para dar paso a otro más impresentable y manso. De García Jiménez. O sea, Matilla. Que reeditaba el matillazo de abril con las bendiciones de la empresa. De don Ramón Valencia. A la sazón también apoderado de Roca Rey. Entre tanta polémica de fraudes de astas y vainas, nunca mejor dicho, cometieron el fraude mayor: una corrida indecorosa de una ganadería ahora mismo infecta. Vaya año. El peruano exprimió al deplorable bicho hasta las emotivas bernadinas de viaje cambiado. Que le dieron la vuelta a la tortilla. Y pusieron la plaza en pie. Un pinchazo hondo y una oreja como la suela del zapato de Charlot. Por echarse algo a la boca. Pobres gentes estafadas.

MATILLA | Padilla, Morante y Roca Rey

Plaza de la Maestranza. Sábado, 29 de septiembre de 2018. Segunda de feria. Lleno de “no hay billetes”. Toros de Hnos. García Jiménez, incluido el sobrero (6º bis), Olga Jiménez (1º y 2º) y Peña de Francia (3º), una impresentable escalera de mansos. Juan José Padilla, de tabaco y oro.Estocada (silencio). En el cuarto, estocada (oreja).Morante de la Puebla, de grana y oro. Pinchazo y estocada desprendida (silencio). En el quinto, estocada rinconera que provoca vómito (saludos).Roca Rey, de blanco y plata. Dos pinchazos, estocada y descabello (silencio). En el sexto, pinchazo hondo (oreja).

Fuente:elmundo.es