La presidencia negó una oreja

Tres cuartos de plaza, una muy buena entrada en la novillada de feria. Un clima veraniego casi en su totalidad, hasta cuando del cielo en el sexto de la tarde salió un gran aguacero. 

Se lidió un encierro de la ganadería de Paispamba, de muy buena presentación y juego variado. En términos generales fue un encierro encastado, no sencillo, quizás lo que buscan los ganaderos… toros que exijan.

El primer ejemplar de la tarde le correspondió en turno a Gitanillo de América Jr., quien no pudo hacer mucho ante la mansedumbre del novillo; que desde sus inicios buscó el abrigo de las tablas… incluso los mejores pases de Gitanillo fueron cerca al burladero de matadores, pero una vez lo quiso sacar y cambiarle su terreno, la faena se descompuso y no pudo hacerse más que el unipase. Estocada de recurso porque el toro estaba parado. Palmas. 

Un buen novillo el de Paispamba que toreó Santiago Fresneda “Gitanillo de América”, de muy buenas maneras con el capote; incluso tuvo un gesto muy bonito y fue invitar a su compañero Juan Sebastián Hernández para torear a la limón con los capotes… espectáculo que disfrutaron los asistentes. Con la pañosa se le vio algo apurado a Gitanillo, que busca agradar siempre, probó los dos pitones; sin embargo no terminó por entenderse con el astado. Fallas con la espada. Palmas. 

El novillero manizaleño Andrés Bedoya fue muy bien recibido por el público de su ciudad. Su faena fue básicamente de conexión, hubo en las primeras tandas ligazón, pero faltó temple, es decir la muleta más planchada; ante un novillo que tuvo movilidad y con el que se hubiese podido hacer mejor faena. Dos estocadas de buena ejecución pero mala colocación. Palmas y palmas al novillo. 

En quinto lugar salió un colorado precioso de estampa que mereció el aplauso de varios sectores de los tendidos. Bedoya tuvo posibilidades de ejecutar una buena faena con el ejemplar que era bravo, encastado, con genio y que exigía mucha madurez en la muleta; pero desafortunadamente Andrés estuvo desconfiado y desordenado en las tandas. La espada quedó en buen sitio pero luego con el descabello tuvo varios intentos fallidos. Silencio tras dos avisos.

Con alegría y una larga cambiada recibió Juan Sebastián Hernández a su novillo, que tenía movilidad, picante, aunque se colaba y le faltaba algo de clase. La faena de muleta empezó de rodillas, pero se llevó un gran susto porque en el segundo pase lo logró prender y darle una fuerte golpiza. Las tandas fueron ligadas, bajando la mano y tratando de llevarlo lo más templado posible. Mató de estocada en buen sitio. El público pidió con fuerza la oreja y la presidencia se la negó injustamente. 

La lluvia apareció en el sexto, para acompañar una faena alegre aunque menos pausada de Hernández. Los inicios  fueron buenos en el centro del redondel con una tanda en redondo puesto de rodillas, con cada pase fue disminuyendo la ligazón. El novillo no era fácil, no porque fuera manso, sino porque tenía ese genio que obliga a no dar ni un paso en falso. Dos pinchazos y estocada en buen sitio. Palmas.