Manizales y su primera novillada pre feria

Una tarde primaveral la que se vivió en la ciudad de Manizales, donde se está celebrando el seriado “Toros y Ciudad”.

Precisamente hoy se llevó a cabo la novillada con caballos, de donde se define un cupo para la novillada de la feria de enero.

El cartel era muy interesante: Juan Dinastía (Medellín), Julián Mateo y Juan Sebastián Hernández; quienes lidiaron un muy buen encierro de la ganadería de Amerías, propiedad de Don Rafael Moscoso, que se encargó de traer seis ejemplares de variada y buena presentación; y un buen juego.

Juan Dinastía cortó una oreja al primero de su lote, que aunque no tuvo un buen inicio porque llevaba siempre la cara arriba y protestaba en la muleta, sin embargo la autoridad y seriedad de Dinastía ayudó a su entendimiento; lo llevó a media altura, en linea recta. Con el segundo que le correspondía, quiso recibir con una larga cambiada frente a la puerta de toriles, detrás de las lineas concentricas; pero desafortunadamente el novillo al salir lo atropelló y pasó por encima de él, sin consecuencias graves. No hubo transmisión, el novillo se era atento pero parecía aburrido en la muleta, la labor fue silenciada tras estocada completa, desprendida y trasera.

El segundo alternante, era el manizaleño Julián Mateo, quien probó los dos pitones y allí nos pudimos dar cuenta de la mayor potabilidad del derecho, la faena fue de unipase, la muleta muy suelta al viento, tuvo entrega, buenos pases con la derecha, aunque con poca transmisión. Estocada completa, trasera y tendida. Palmas.

Con el quinto de la tarde, Julián tuvo el privilegio de pocos novilleros y es encontrar un ejemplar que parecía máquina de embestir, noble, bravo, con clase, alegría y calidad. El diestro tuvo mucha voluntad, se gozó torear al novillo de Armerías, pero la falta de experiencia le cobró factura porque el astado le exigía mayor temple, bajar la mano y mostrarlo más; características que valoró el público que pidió el indulto, la presidencia lo otorgó y le dio una oreja al torero; quien se vio inconforme con la decisión y tan pronto recibió la oreja, se la lanzó a uno de los subalternos… chicos eso no se hace.

El tercer y último novillero del cartel, era el sogamoseño, Juan Sebastián Hernández, al que le vi una notable evolución en su torear. Su primer novillo era muy atento, fue limpio a la muleta que Hernández le presentó en redondo por drechazos y naturales; iba mejor por el derecho y eso lo logró entender el novillero boyacense, que respetó los tiempos y espacios; sólo haría falta un poco más de quietud.

Con el último de la tarde la faena fue pausada, templada, ligada y acompañada con la música de fondo, que pidió el respetable, un premio merecido para este joven torero que midió muy bien los tiempos y distancias. La mala suerte se la jugó la espada y sólo recibió palmas.