MIGUEL ANGEL PERERA PIERDE LA SEGUNDA OREJA POR LA ESPADA

Un calor de verano en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla, unos tres cuartos de entrada y un ambiente inigualable, hoy 9 de mayo cuando se celebra el día de Europa.

Se lidiaron toros de la ganadería de Santiago Domeq de variada pero buena presentación, además de buenos kilos. El juego fue dispar, sobresaliendo el buen segundo, que fue premiado con la vuelta al ruedo.

Manuel Jesús El Cid

Se encontró con un ejemplar con raza pero muy justo de fuerza, le permitía estar cómodamente por su nobleza pero aunque quería no podía transmitir, no había punto de emoción. Iba mejor por el derecho, sin ser malo del todo por el izquierdo. El público estuvo con El Cid pero se les vinieron los ánimos abajo tras los naturales y se apagó la música también. Pinchazo y estocada trasera y tendida. Saludo desde el tercio.

No la pasó bien el diestro Manuel Jesús El Cid con el segundo toro de su lote, que tenía poca clase, pero que tenía raza y fiereza; le quería también coger, aprendía muy rápido y el torero andaluz en principio no le ha entendido y bregó hasta poderle coger unas dos tandas por la derecha, que fue lo de mayor rescate porque con la zurda que es su fuerte, quedaba más descompuesto y le podía exigir menos al toro. Estocada en buen sitio. Leves palmas y palmas al toro.

Miguel Ángel Perera

Si que ha sido un buen toro el primero del lote de Miguel Ángel Perera, que era el más pesado de la tarde (575 kilos) , tenía picante y esa rebeldía que lo complicaba porque exigía el carnet de matador de toros de los costosos; y si que lo ha logrado este torero que aunque le exigió mucho al toro desde el principio recibiendo de rodillas con un cambiado de espalda y luego bajándole mucho la mano, el toro no se le quedó atrás y fue rompiendo más en la muleta. El mejor fue el pitón derecho aunque hubo una gran tanda por la izquierda, es que los dos pitones eran de toro bravo. Las tandas fueron rotundas cuando se fue hasta el cuarto y quinto muletazo. La espada le cayó baja y eso le quitó la segunda oreja, que pidieron con más fuerza que la primera, incluso pitaron varias veces a la presidencia. Oreja y vuelta ruedo al toro.

Una muy buena pelea en el caballo dio el quinto de la tarde, dos varas con casi tumbo pero el picador estuvo muy bien al igual que los demás subalternos de su cuadrilla, incluso por la brega se desmonteró Curro Javier y ya se había desmonterado en el segundo por banderillas. Brindis al Capea, su suegro. El toro cambió radicalmente con la muleta, las tandas estuvieron desligadas, con mucha desconfianza entre toro y torero, ni por el derecho ni por el izquierdo se acoplaban; siempre lo quería desarmar pese a que Perera estaba allí firme y con la mano templada. Hasta que finalmente se rajó y buscó el abrigo de las tablas. Estocada trasera en lo alto. Saludo desde el tercio.

Paco Ureña

El tercer alternante era el torero Paco Ureña, que no la tuvo fácil con el que hasta ese momento era el más difícil de la corrida, con un genio malo desde su salida y en los demás tercios; además de haberle dudado al inicio y con esto le cedió más terreno al toro, sin embargo consiguió probarle los dos pitones, insistió bastante por el izquierdo cuando era un poco más dócil por el derecho, incluso le prendió en una oportunidad y no dejaba de verle al cuerpo. Mató de gran estocada y saludó desde el tercio.

Paco Ureña estuvo decoroso con el toro aunque no hubo una faena confeccionada de principio a fin, más bien destellos e incluso hasta se ha podido pasar un poco de faena con el astado que no quería ir, cuando iba lo hacía bronco y no permitió la ligazón. No le fue bien con la espada pues lo pinchó y luego media espada.

Resumen:

Se lidiaron toros de la ganadería de Santiago Domeq de variada pero buena presentación, además de buenos kilos. El juego fue dispar, sobresaliendo el buen segundo, que fue premiado con la vuelta al ruedo.

  • EL CID.- Saludos y silencio.
  • MIGUEL ÁNGEL PERERA.- Oreja con petición de la segunda y saludos.
  • PACO UREÑA.-  Saludos y palmas de despedida.
    Por: Carolina Baquero