¿Qué fueron esos toros por favor?

El cielo empezó a llorar desde antes del inicio del festejo, quizás porque desde arriba ya se sabía que iba a ser una tarde decepcionante.

Se lidió un encierro de la ganadería de Dosgutierrez, de pareja presentación, con kilos; pero de juego nada hubo que resaltar, aunque quisiéramos no es posible decir nada bueno de los siete ejemplares, incluyendo el de los recortadores. Peligrosos y descastados.

Abrieron plaza los cuatro recortadores españoles que actuaron ayer. Muy hábiles como siempre, un grato espectáculo pero no pudo ser como el de ayer por las dificultades del toro, que no quiso embestir.

El primer alternante de la tarde era el matador andaluz, Manuel Jesús “El Cid”, que fue obligado a saludar antes de la salida del toro. Para infortunio de todos, el toro fue un manso parado con cero posibilidades de dar una faena. Algunos pases de uno en uno, más por voluntad del torero que por el ejemplar. Pinchazo hondo sin soltar, estocada desprendida y descabello. Palmas cariñosas y pitos para el toro.

Una despedida que duele y no sólo porque dejar de ver torear a El Cid es una pérdida invaluable para la tauromaquia, sino porque no era la despedida que se merecía en Manizales.; le correspondió en segundo turno uno peor que el primero, manso, rajado, trompicaba la muleta, no dejaba estar. Estocada de recurso y descabello. Saludo desde el tercio en una plaza que lo lleva en el corazón.

Emilio de Justo era el debutante de la jornada y causó una grata impresión en los asistentes, aún cuando no fue mucho lo que pudo hacer con otro manso que con mayor movilidad le permitió algunas tandas pero que no fueron más que reflejos de un toro. En el tercio de banderillas su colocado fue corneado en el gemelo izquierdo. Emilio de Justo qué ganas tenía de torear, probó por los dos pitones, ahormó por momentos la embestida bronca y con la cara siempre arriba que llevaba el astado. Estocada de buena colocación y efectiva. Saludo desde el tercio.

Con el quinto de la tarde fue imposible hacer si quiera una tanda, era manso, peligroso, bronco, sin motor… en fin, un pozo vacío. Emilio en principio trató de hacerlo de uno en uno y en línea recta pero es que la faena se vio anulada por el astado. La espada tampoco acompañó a Emilio de Justo, que con razón entraba desconfiado por el peligro y condiciones de su oponente. Tres pinchazos, estocada caída.

El colombiano David Martínez, parecía que iba a contar con una suerte diferente; él mismo ejecutó el tercio de banderillas y logró contagiar de alegría los tendidos, pero como les decía “parecía”… el toro empezó a irse a menos en la muleta, embestía con la cara arriba, tenía malas ideas y muy poca clase. Después de luchar con la espada logró matarlo. Silencio tras dos avisos.

El sexto toro tuvo que ser devuelto a los corrales, por mansedumbre, saltó dos veces las tablas; huyendo de los engaños. El sexto bis, no fue mejor que los demás, manso y sin querer estar ahí. A David se le debe valorar sus ganas, su tercio de banderillas; pero no pudo haber faena. Silencio.