ROCA REY CONQUISTA CASTELLON

El Fandi, que suma dos trofeos, y el peruano, con tres, salen a hombros en la tradicional Feria de la Magdalena de Castellón.
En honor a la verdad, siendo esta dudosa y de eterno debate, eso sin entrar en verdades políticas, casi intolerables, El Fandi toreó a la verónica al primero de rodillas perfecto. Como si no costara, como si no pesara el capote, como si echar los vuelos desde ahí abajo fuera cuestión menor, tanto como aguantar el gesto, este indiscutible, estés al lado que estés de la batalla, de haberla, de irse a portagayola a recibir al toro, y entretenerse este en despreciar al torero en primera instancia, ahí postrado en mitad de la nada, en el centro de todo, y decidir barbear hasta cruzarse la mitad de la plaza y entonces sí a favor de querencia, hubo la larga. Olé tú, David Fandila. Exprimió al toro con los cuatro pares de banderillas y cuando llegó el turno de muleta al de Juampedro le quedó una nobleza infinita empatada con la calidad y sólo reñida con la justeza de ímpetu y las ganas de irse. Una estocada puso fin al templado, sin más, trasteo. A toriles se fue con el cuarto. Mérito. Era el toro de la merienda y la gente estaba más en los menesteres de jalar que de ver lo que ocurría en el ruedo. Se esmeró con las banderillas y abundó en la faena de muleta a un toro que tuvo mucho que torear, porque fue encastado y acudió al engaño con raza y muchos matices que pasaron desapercibidos, pero ahí El Fandi hizo más un alarde a la galería que un encuentro de verdad con el toro. A veces todo vale. Y valió el premio que le abría la Puerta Grande

Manzanares ya sí comenzó la temporada en Castellón tras la lesión de espalda y el millón de rumores. ¡España en estado puro! En el día y la hora hizo el paseo el alicantino y le tocó un segundo que pagó el peaje de un volatín y tuvo poco contenido: falto de fuerzas y empuje. De suavidad hizo Manzanares el trasteo, falló la espada. El quinto fue toro importante por bravo, aquello era un puñetero huracán con todo lo que eso implica. Tuvo mucho motor el de Juampedro, mucha capacidad para repetir en la muleta del torero alicantino, de hecho tal fue así que en muchas ocasiones viajaba más allá, como si estuviera por encima del bien y del mal. No era fácil aguantar una embestida así y la faena tuvo interrupciones, peajes de respiro, de cortar para volver a coger el hilo de la estructura y así el vuelo alcanzado fue más bajo de lo que quisimos, más al ras de lo que soñamos. La espada quiso entrar esta vez a la primera, y el trofeo le vino a Manzanares como toma de contacto de la primera, la primera de la campaña.

Roca Rey pisó Castellón con el misterio íntegro del toreo a sus espaldas, llenó la plaza y el ruedo después. Eso es Roca Rey en estado puro. Desde el quite al tercero por gaoneras de extrema cercanía, de insegura pero en su caso aplomadísima proximidad y un remate tan eterno, que el olé se escuchó en Valencia. Espectacular. Después se entretuvo en hacerlo prácticamente todo. Comenzó de rodillas, suavecito, templado, buscando los ánimos que le faltaban al toro, a la vuelta de la nobleza infinita del Juampedro que esta sí que la tenía. Y a esa faena reposada, dueño del tiempo, de las distancias, por supuesto del valor y del ritmo de la nobleza del toro aderezó Rey la faena de alguna arrucina y de esos pases que despiertan en mitad del toreo la comodidad del espectador. Y entre una cosa y otra Roca volvió a ser rey. Inevitablemente. La espada se le fue abajo, pero la gente ya había enloquecido.

Se cayó la plaza después. Y con razón. Quitaba Andrés. Roca. Le arrastró el toro con los cuartos traseros. Cayó. A la arena. A merced del animal. Batalla perdida. En un ¡ay! verdadero la plaza. Se levantó, lo de repuesto es mucho decir, enervado sí, todo, tantísimo como para alejar a su cuadrilla de allí y volver al toro, solos, era aquello cuestión de dos, incomprensible para la mayoría de los ojos que andábamos por allí, todavía con el susto en el cuerpo, retomó el quite como si no hubiera pasado nada. Estalló Castellón cómplices todos de lo auténtico del momento. Dos pases cambiados por la espalda después y despaciosidad para construir el trasteo con el toro que iba despacio y cierta irregularidad en el ritmo. Terminó por apagarse y compensó Roca con un arrimón de órdago, el límite está muy lejos para el peruano. De ahí que haya devuelto la ilusión, de ahí que la gente comente la jugada en la misma plaza, de ahí la llama viva del toreo. De ahí, del mismísimo Perú, Andrés Roca Rey, con todos ustedes

Ficha del festejo:

Castellón. Se lidiaron toros de la ganadería de Juan Pedro Domecq. 1º, noble y de calidad con el ímpetu justo; 2º, justo de poder y noble; 3º, noble; 4º, encastado y de buen juego; 5º, buen toro, bravo; 6º, noble, irregular y a menos. Lleno en los tendidos.

El Fandi, de verde manzana y oro, estocada (oreja); estocada tendida y trasera, aviso (oreja).

José María Manzanares, de burdeos y oro, dos pinchazos, estocada (saludos); estocada (oreja).


Roca Rey, de azul y oro, aviso, estocada baja (dos orejas); estocada (oreja).

Roca conmueve, llena y triunfa

El Fandi, que suma dos trofeos, y el peruano, con tres, salen a hombros en la tradicional Feria de la Magdalena de Castellón

Roca conmueve, llena y triunfa

En honor a la verdad, siendo esta cuestión dudosa y de eterno debate, eso sin entrar en verdades políticas, casi intolerables, El Fandi toreó a la verónica al primero de rodillas perfecto. Como si no costara, como si no pesara el capote, como si echar los vuelos desde ahí abajo fuera cuestión menor, tanto como aguantar el gesto, este indiscutible, estés al lado que estés de la batalla, de haberla, de irse a portagayola a recibir al toro, y entretenerse este en despreciar al torero en primera instancia, ahí postrado en mitad de la nada, en el centro de todo, y decidir barbear hasta cruzarse la mitad de la plaza y entonces sí a favor de querencia, hubo la larga. Olé tú, David Fandila. Exprimió al toro con los cuatro pares de banderillas y cuando llegó el turno de muleta al de Juampedro le quedó una nobleza infinita empatada con la calidad y sólo reñida con la justeza de ímpetu y las ganas de irse. Una estocada puso fin al templado, sin más, trasteo. A toriles se fue con el cuarto. Mérito. Era el toro de la merienda y la gente estaba más en los menesteres de jalar que de ver lo que ocurría en el ruedo. Se esmeró con las banderillas y abundó en la faena de muleta a un toro que tuvo mucho que torear, porque fue encastado y acudió al engaño con raza y muchos matices que pasaron desapercibidos, pero ahí El Fandi hizo más un alarde a la galería que un encuentro de verdad con el toro. A veces todo vale. Y valió el premio que le abría la Puerta Grande.


Manzanares ya sí comenzó la temporada en Castellón tras la lesión de espalda y el millón de rumores. ¡España en estado puro! En el día y la hora hizo el paseo el alicantino y le tocó un segundo que pagó el peaje de un volatín y tuvo poco contenido: falto de fuerzas y empuje. De suavidad hizo Manzanares el trasteo, falló la espada. El quinto fue toro importante por bravo, aquello era un puñetero huracán con todo lo que eso implica. Tuvo mucho motor el de Juampedro, mucha capacidad para repetir en la muleta del torero alicantino, de hecho tal fue así que en muchas ocasiones viajaba más allá, como si estuviera por encima del bien y del mal. No era fácil aguantar una embestida así y la faena tuvo interrupciones, peajes de respiro, de cortar para volver a coger el hilo de la estructura y así el vuelo alcanzado fue más bajo de lo que quisimos, más al ras de lo que soñamos. La espada quiso entrar esta vez a la primera, y el trofeo le vino a Manzanares como toma de contacto de la primera, la primera de la campaña.

Roca Rey pisó Castellón con el misterio íntegro del toreo a sus espaldas, llenó la plaza y el ruedo después. Eso es Roca Rey en estado puro. Desde el quite al tercero por gaoneras de extrema cercanía, de insegura pero en su caso aplomadísima proximidad y un remate tan eterno, que el olé se escuchó en Valencia. Espectacular. Después se entretuvo en hacerlo prácticamente todo. Comenzó de rodillas, suavecito, templado, buscando los ánimos que le faltaban al toro, a la vuelta de la nobleza infinita del Juampedro que esta sí que la tenía. Y a esa faena reposada, dueño del tiempo, de las distancias, por supuesto del valor y del ritmo de la nobleza del toro aderezó Rey la faena de alguna arrucina y de esos pases que despiertan en mitad del toreo la comodidad del espectador. Y entre una cosa y otra Roca volvió a ser rey. Inevitablemente. La espada se le fue abajo, pero la gente ya había enloquecido.

Se cayó la plaza después. Y con razón. Quitaba Andrés. Roca. Le arrastró el toro con los cuartos traseros. Cayó. A la arena. A merced del animal. Batalla perdida. En un ¡ay! verdadero la plaza. Se levantó, lo de repuesto es mucho decir, enervado sí, todo, tantísimo como para alejar a su cuadrilla de allí y volver al toro, solos, era aquello cuestión de dos, incomprensible para la mayoría de los ojos que andábamos por allí, todavía con el susto en el cuerpo, retomó el quite como si no hubiera pasado nada. Estalló Castellón cómplices todos de lo auténtico del momento. Dos pases cambiados por la espalda después y despaciosidad para construir el trasteo con el toro que iba despacio y cierta irregularidad en el ritmo. Terminó por apagarse y compensó Roca con un arrimón de órdago, el límite está muy lejos para el peruano. De ahí que haya devuelto la ilusión, de ahí que la gente comente la jugada en la misma plaza, de ahí la llama viva del toreo. De ahí, del mismísimo Perú, Andrés Roca Rey, con todos ustedes.


Ficha del festejo:

Castellón. Se lidiaron toros de la ganadería de Juan Pedro Domecq. 1º, noble y de calidad con el ímpetu justo; 2º, justo de poder y noble; 3º, noble; 4º, encastado y de buen juego; 5º, buen toro, bravo; 6º, noble, irregular y a menos. Lleno en los tendidos.

El Fandi, de verde manzana y oro, estocada (oreja); estocada tendida y trasera, aviso (oreja).

José María Manzanares, de burdeos y oro, dos pinchazos, estocada (saludos); estocada (oreja).


Roca Rey, de azul y oro, aviso, estocada baja (dos orejas); estocada (oreja).