ROCA REY SUBE AL OLIMPO DEL PAQUIRO


Andrés Roca Rey se vestía de corto ante las cámaras de ELMUNDO en abril de 2018 al inicio de la temporada que le ha supuesto el Premio Paquiro.JOSÉ AYMÁ

Suenan los clarines de la temporada 2019 y Andrés Roca Rey aparece por el horizonte como piedra angular de todas las grandes ferias de España y Francia. Su nombre ya da porte a las Fallas de Valencia, a la cita de abril de Sevilla que cae en mayo, a la Pascua de Arlés, al bombo de San Isidro que puso sus iniciales y el morbo en la casilla de Adolfo. Y pisará todos esos pueblos -Olivenza, Illescas, Cehegín…- en los que la fiesta brava hunde las raíces que alimentan la vieja encina de la tauromaquia.

El terremoto que vino del Perú, el último fenómeno del toreo, a quien llaman el Cóndor, tiene hoy la primera y, probablemente, más importante cita: Roca Rey sube al Olimpo del Paquiro, allí donde habitan seres como José Tomás (cuatro paquiros jalonan su carrera), Enrique Ponce, Morante, Pere Gimferrer, Vargas Llosa, Javier Aresti -que es decir Bilbao-, Perera y Castella, que fue el primero de los llamados en 2007.

Cumple el premio de El Cultural de ELMUNDO su décima edición, y no puede hacerlo con mayor fuerza después de un tiempo de silencio. RR asciende a su palmarés para bajar esta tarde noche al ruedo de Las Ventas a recoger la escultura de Víctor Ochoa que, desde la fundación del galardón, une al selecto grupo de vencedores. La gala por excelencia del toreo alcanzará su cénit cuando el Premio Nobel de Literatura 2010, y también Premio Paquiro de los Toros 2011, Mario Vargas Llosa, entregue el bronce a Andrés Roca Rey. De peruano a peruano.

Cuando el jurado que preside Luis Abril se reunió en octubre, al día siguiente de caer el telón de la temporada, la candidatura de Roca Rey alcanzó la unanimidad a la velocidad del relámpago.