TALAVANTE LIBERA SU ALMA Y TRIUNFAN CON ROCA REY EN ARLES

Ambos suman tres trofeos en la vuelta de Alejandro en el primer espectáculo a plaza llena, sin límite de aforo

Sin darnos cuenta antes de que empezará el festejo ya habíamos viajado al pasado en los aledaños de la plaza. A cuando nuestra vida no estaba limitada y encorsetada por ese virus que hace un tiempo nos metió en casa. Justo cuando estaba prevista la vuelta de Talavante. Ya tres años después y con una pandemia de por medio, nos reencontramos a la vez con Tala y con el vértigo de una plaza llena, sin distancia social con un aforo de 12.000 personas. Era el día y la hora. Talavante se lo había jugado todo a una carta, una sola corrida en toda la temporada, en un escenario histórico, el anfiteatro de Las Arenas, que por sí mismo merece visita.

La hora se les echó encima y ya habían pasado casi los diez minutos sin que se abriera la puerta de los miedos, que son infinitos en ese instante. Era el colofón a una ciudad en fiestas. Un día antes había puesto pie Alejandro en suelo francés. El tiempo exacto para que los nervios devoren la noche mientras la gente a escasos metros de donde descansaba Talavante la incendiara. Fiesta viva. A su vez, en el rincón del miedo, ponía a punto el artista Diego Ramos la plaza para su puesta de largo en la Goyesca. Una obra que duró intacta muy poco y en parte se deshizo nada más comenzar el festejo. Algo así ocurre con el misterio del toreo, que se condensa en segundos para no regresar jamás. Impresionaba la plaza llena, la cercanía del que tenías al lado, como si nada, como siempre. Sacaron a saludar a Talavante antes de que empezara la función y se viera, entre otras cosas, el influjo de Joselito, su nuevo apoderado. Buena fuente de la que beber.

Talavante, en unas manoletinas de final de faena FOTO: GUILLAUME HORCAJUELO EFE

Abrir plaza

Fueron tres verónicas inmóvil las que pegó de salida antes de dar rienda suelta a los movimientos, la gracilidad que esconde las chicuelinas y una larga de remate. Quitó Roca y replicó Talavante para condecorar el momento con un ¡ay! unánime, el que anda a la media vuelta de una cogida. Mucho carbón tuvo el Garcigrande que abría plaza y tanta largura en las embestidas que cuando el extremeño anduvo fino era difícil diferenciar cuándo comenzaba y acababa aquello. Su desafío al natural, su plato fuerte, vino pronto. Le costó un preámbulo coser al toro en los vuelos y llevarle, pero quedó después la estela de buenas tandas y variados finales. Uno marca de la casa, por manoletinas.

El toro de Adolfo

Hubo un redoble de tambores (mental) cuando salió el tercero de Adolfo Martín. Un toraco y ofensivamente astifino. Tuvo después todo el temple del universo y Talavante, en la verticalidad más absoluta, lo llevó con las yemas en todo momento. Tan suave que no había una nota discordante en los entresijos de la faena.

El quinto hizo honor a la marca de la casa y tuvo mucha movilidad, repetición y transmisión, aunque le faltara ese punto de ritmo y entrega. Se le premió con la vuelta al ruedo y los dos trofeos para Talavante. Con técnica muy depurada puso el corazón a bombear a la gente, al final en unas bernadinas que se salvó de purito milagro, y antes en un recital de armonía, cadencia y temple. Después vendría la estocada y los premios. Un año y medio después Alejandro había liberado los tiempos en blanco, el compás de espera. Esa lucha interna que se debate en la necesidad del torero.

Mano a mano con Roca Rey

También se le dio la vuelta al sexto, de Cuvillo, el toro más hondo del sexteto. Tuvo cualidades como la repetición y la importancia de lo que se hacía delante de él, pero le faltó finales al toro, que regalaba cabezazos. Había expuesto en el quite Roca Rey como si no hubiera mañana y peleó la faena, menos maciza en el tramo central y ganada con los circulares invertidos y el fin de fiesta. La estocada fue fulminante, y la recompensa.

Quite de Roca Rey EFE/EPA/Guillaume Horcajuelo FOTO: GUILLAUME HORCAJUELO EFE

Tuvo clase el segundo, y la estructura del peruano fue similar al último, solo que no hubo explosión final.

El de Adolfo, que por detrás era una tabla, iba y venía, aunque con el defecto de reponer, pero sin fiereza. Se ayudó mucho de la espada para hacer faena, como le pasó toda la tarde, y le buscó las vueltas.

El gozo vino al final. Y la puerta grande… A Tala se le espera, aunque sea en la odisea de 2022.

Ficha del festejo

Arles (FRANCIA). Tradicional Corrida Goyesca. Se lidiaron toros de Garcigrande. 1º, 2º y 5º; Adolfo Martín, 3º y 4º y Núñez del Cuvillo 6º. Casi lleno. El 1º, encastado, con mucho motor y bronco; el 2º, bueno; el 3º, de embestida lenta y buena; el 4º, noble, de poca fiereza y repone; el 5º, movilidad, repetición, transmisión y falto de ritmo, pero premiado con la vuelta al ruedo; el 6º, bronco y repetidor premiado con la vuelta al ruedo. Casi lleno.

Talavante, de azul pavo y negro, aviso, pinchazo, estocada tendida (oreja); estocada corta trasera, descabello (saludos); estocada contraria (dos orejas).

Por: PATRICIA NAVARRO
ARLES (FRANCIA).