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En dos palabras: sencillamente cumbre. Veinte años de alternativa resumidos en una gesta y una encerrona histórica. Ocho orejas y dos rabos cortó Ventura en un hito histórico en Espartinas con toros de distintos encastes. El primer triunfo ya lo había conseguido antes de trenzar el paseíllo: colgar el No Hay Billetes. La variedad por bandera. Ese fue el lema del sevillano, desde que se anunció en el cartel con ejemplares de procedencia tan dispar, hasta las distintas suertes que exhibió: recibir al sexto con la garrocha, compartir la lidia del cuarto con los sobresalientes, colocar su clásico par sin cabezada con el famoso Dólar, e incluso matar con el estoque desde la montura al quinto. Un compendio de rejoneo, con dos faenones, al gran tercero de Partido de Resina, y al sexto de Los Espartales.

El primero fue un ‘Prieto de la Cal’ noble al que el rejoneador de La Puebla Del Río le firmó una faena in crescendo. Bajo la suave lluvia, el cigarrero supo darle los tiempos precisos a su oponente en una faena templada que fue premiada con una oreja.

No se lo puso nada fácil a Ventura el segundo de Pallarés-Buendía, al que el sevillano recibió en el centro del ruedo con Lambrusco en dos rejones de gran exposición. Embistiendo a arreones y reservón, Ventura tuvo que llegarle mucho en una labor en la que también destacó con Importante y Duelo en banderillas. Falló con el rejón de muerte y hubo silencio.

Un auténtico faenón fue el que le firmó al tercero, un buen toro de Partido de Resina, que tuvo transmisión, temple y nobleza desde su salida al ruedo. Emocionante fue la salida del astado, que salió con muchos pies buscando la cabalgadura del sevillano, que lo toreó con gran despaciosidad a lomos del gran Nazarí. Así lo llevó muy cosido a la cabalgadura, con mucha torería y mucha emoción citando al toro en la larga distancia, enloqueciendo a los tendidos. Por si fuera poco, coronó la obra con la reaparición de Morante. Además, los forcados protagonizaron dos brillantes pegas antes de la suerte suprema. Faena cumbre, que fue premiada con dos orejas y una ovación en el arrastre para el buen ejemplar.

En el cuarto, Ventura invitó a torear a los sobresalientes Juan Manuel Munera y Manuel Moreno, que rayaron a buen nivel ante un ejemplar noble y de buen juego de la ganadería del propio Diego Ventura. Labor brillante, especialmente con las banderillas, que rubricó de un rejonazo fulminante, siendo premiado con los máximos trofeos.

El quinto, de Guiomar Cortés de Moura, resultó noble pero justo de raza. Ventura lo templó con mucha despaciosidad montando a Vivaldi, luciéndose en el galope de costado y poniendo banderillas de frente. También muy pura fue la obra con Importante. Sorprendió al matar al toro con un estoque montando a Bombón. Tras colocar media estocada, también descabelló desde la montura siendo premiado con una oreja.

Espartinas terminó de enloquecer en el sexto de Los Espartales, noble y bueno pero que fue a menos, al que recibió con la garrocha en la puerta de chiqueros. Le formó un lío en las banderillas de poder a poder, y después, en una distancia inverosímil, y ante un ejemplar que tardeó, le clavó dos más con un mérito tremendo, poniendo del revés al coso de Espartinas. No se conformó con eso Ventura, que además, con Dólar colocó un par a dos manos sin cabezada en todo lo alto, al ralentí. Remató con Remate para pasear otras dos orejas y otro rabo.